jueves, 23 de septiembre de 2010

Si me preguntase a quien es que verdaderamente escribo
diría que al ánima ilustrada en mis propias fantasías
a la utópica idea del amor,
a un todo, configurado en no tenerlo
y a una persona imaginaria y volátil
a una sombra sin contorno
a la inspiración que nace de la melancólica cara de la noche
al calor que bien reemplazan mis sábanas
renuncio a todo aquello que no he conseguido
abro los brazos
y dejo entrar en mi
los centenares de sentidos
extraño algo que no ha nacido aún
le escribo a mi inocencia
a mi lujuria
le escribo a la blasfemia
a lo sublime
al hombre y a la mujer
al miedo y a la paz
le escribo en fin a Dios, como diría mi religión
me escribo a mi y a la tierra
esperando que frente a mi llegue
una luz remota
que descargue sobre mi
todos los idiomas y yo quede eternizada para siempre, como una sombra
que no se borra.
Es el espíritu que nunca se queda quieto.
No hay nada más ridículo que las cuestiones de tiempo
a quién puede siquiera ocurrírsele guiarse por él, tan extremadamente subjetivo
no viene y no va;
ya todas las velas se han apagado y parece que en cada una he cumplido un año
y en cada año un siglo de esta eterna espera de lo que no llegará jamás
El consuelo, dicen por ahí, la esperanza, que por la maldita desgracia de la
mitología quedó de las últimas, pudo haber sido, la muerte, y así
cuando ya nada quedara, solo bastara morir; el trágico destino de los
viajeros, morir, sin dios, en algún andén,
Podría ser literal,
pero más terrible aún es la metáfora, alargando los brazos por toda la infinidad
como dos líneas paralelas que nunca se hallarán ni para comparar los penas
ni para comprarse una a otra una sonrisa.
Es el recuerdo materializándose en todo el paisaje, es más que un cansancio
un agotamiento que se enhebra en mi columna vertebral
quedo clavada en la añoranza que no muere. Nada muere, solo se eterniza.
Estar cansada no significa detenerse, es muchas veces seguir el mismo camino circular
pisar las mismas huellas una y otra vez, y al anochecer encontrarme
suficientemente cansada como para no dormir, y darle vueltas a una almohada
que hierve, hasta evaporarse en una aurora que me tortura nuevamente.
Nunca saldrás de ahí, pareciera repetir un eco. Te extraño,
digo, sin expectativas, como si supiera que por el solo hecho de decirlo,
ya no habrá más tiempo,
y si lo habrá.

martes, 21 de septiembre de 2010

Llegó, colgó el abrigo, extendió su brazo derecho y dejo caer las llaves al tiempo que tomaba un refresco, se sentó encendió el televisor, nada bueno. Subió las escaleras, estaba su esposo, semidesnudo acompañado de la suave melodía del cuerpo que late como si lo quisiera todo y sólo una cosa, a ella.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Mujer


Desató su cabello suave y negro, de ese negro que lo confunde todo, que lo pierde todo, que hipnotiza la conciencia, de ese negro resplandeciente que le caía en los senos, que él descubría como un loco desesperado y enamorado en cada aliento de su cuerpo, cada partícula viviente en él amaba desmedidamente a esa mujer, que ahora se soltaba el pelo y esparcía su perfume de anochecer por toda la habitación, se maquillaba las pestañas, largas y coquetas como todo en ella, como sus labios rojos por naturaleza y sus ojos negros y abismales, repetía que había perdido el reloj, y se daba vueltas como un remolino buscando esto y aquello, a él le parecía que a ella le habían robado para siempre el tiempo de encima y siempre lucía hermosa, y se lo decía a ella, que, sin escuchar absolutamente nada, perdía aquello que había encontrado para buscar eso perdido, y al fin cuando estuvo lista, de pie, junto a la puerta, habló suave, como siempre, encantadora, sexy, luminosa, excitante, seria, sencilla, espectacular, todo cuanto él pensaba, sobrevalorada podría ser, aunque bella al fin: vamos ? - el parecía un crucifijo, tendría que salir con esa bella mujer y soportar un montón de miradas, valía la pena, se podría decir, porque iría, de su mano, suya.

He configurado puertas y ventanas con una silueta vieja y desgastada, casi a punto de morir por falta de historia, tan delgada me he vuelto que solo de mí se pueden ver los pensamientos, y yo, sentada en la arena movediza del tiempo aunando esquelas de alguna vida pasada, para tener qué contar, para tener qué hablar, se han aburrido las zarzamoras y los lirios de escuchar un canto dolorido de historias viejas, decía, que el caminante se lo había llevado todo, decía que no tenía pasado, como si al dejarla a ella, se hubiera muerto todo lo vivido y todo lo amado. ¿Qué es morir? Como puede volver a morir el pasado, nadie entendía el frenesí la histeria armada con la que salía a combatir mi sombra por las noches todos los fantasmas del amor, todas las formas que tomaban las sábanas, los retratos que dejaba el sudor nocturno de sus pesadillas; ella hablaba de ella y yo hablo de mí, y al final somos ese mismo remordimiento, por lo que pudo ser y nunca fue. El terrible pesar, de lo que no perece, de lo que sigue vivo, pero muerto, de lo que acaba cuando recién se comienza a probar y del deseo, la espera, sobretodo la espera, las ansias que taladran el estómago de quien necesita el advenimiento de un cuerpo que lo abandona todo y lo lleva todo en su partida.

viernes, 10 de septiembre de 2010

poetas muertos

Caí de pie en una ciudad de poetas muertos
parada gritando blasfemias se quebraron mis dientes
viendo pasar el reloj perseguido por los jueces
y rejas que encerraban a penas un momento de esta sombra.
Estaba bordando una carta antes de morir
con esa angustiosa respiración seguida del sudor helado
del miedo
sin dudas, esperando que emergiese la luz subterránea
esperando adular el carnaval de máscaras
preferiría estar muerta que sonreir sin ganas, pense.
mientras guiñaba un ojo a mi propio abismo,
que silencio,
que terrible miedo
y las ganas que se impregnan en todo
y la pena
mucha pena
toda
entera
no hay palabras mas ENORMES
puedo ver a un niño enterrado en la arena con los ojos cerrados
y gélido
yo me quedo impertérrita
y me apuro para llegar a llorar a casa
a todos los poetas muertos

lunes, 6 de septiembre de 2010


La inconformidad es una deformación del ser humano que evoluciona al poder y sobretodo a la transformarción, sólo la inconformidad ha sido capaz de crear una historia dinámica, en la que los actores y la escena no se han convertido en una tortuosa realidad eterna, sólo la lucha por alcanzar ideales ha dejado en claro que los seres humanos tenemos un corazón indistinto uno del otro y capaces de manejar sueños autónomos. Se ha roto el cascarón una y otra vez, los revolucionarios, han sido tachados de excéntricos y desquiciados, sin embargo, nos han enseñado sin cansarse, que la sociedad puede quebrarse en medio del camino y tomar un rumbo absolutamente diferente. Si no hubiese existido esa luz en la conciencia y en el actuar de nuestros antecesores, seríamos ahora, una ciudad que puebla sin historia, viendo marchar las generaciones en un desierto circular.
Todo sueño, nace de una necesidad insatisfecha y se persigue hasta ver, que sin quererlo, nace una pequeña llama, que termina por alzar los más majestuosos incendios, un ideal , es la mecha que se enreda por todos lados, donde pasa el deseo y se enciende, cuando estamos decididos a n abandonar nuestras ideas, cuando se sabe que, no nos iremos tranquilos, al menos de este mundo, sin haber dejado una pequeña torcedura, un surco, un motivo, una inspiración...
Somos volcanes dormidos, sólo leemos la heroica historia, sería bueno preguntarnos hoy en día que hemos hecho por nuestra nación, que entregamos al legado histórico o por lo menos cuestionarnos, si existe alguna idea que hayamos creído imposible en esta vida, para entonces revivirla, y ser ese volcán que después de mucho despierta. Ser esa fractura en el esqueleto lineal de nuestro tiempo, ser el nombre de un nuevo movimiento, siempre impulsado hacia el conocimiento y la sabiduría, siempre en pos de la mejora, de la autoconciencia, de la serenidad que conduce al triunfo y del temple que nos da la vida.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Había estado trabajando.


Desarticulé todos las trenzas que mantenía bajo la almohada, para dejar de soñar sueños enredados, alfin que llegué a un largo pasillo, por donde iban y venían, no sin cierta melancolía, algunos de mis más arraigados deseos, mi niñez irresuelta y mi pena de hija semihuérfana, como decía antes la abuela Rosario. Abrí un dormitorio y apareció, así, sin más, mi padre: tenía un rostro endurecido y esbozando una tímida ternura, casi admitiendo la alegría de verme, ya no eres una niña me decía y yo alargaba la mano para cerrar la puerta, y se abría la segunda puerta del pasillo, y estaba tomandose un café mi padre, se veía cansado llevaba puesta una camisa celeste y el logotipo de la empresa en que trabajaba, no me miraba, sólo anotaba en una agenda caduca sus cuentas de años pasados, no hice el intento de cerrar la puerta, seguí, por el cada vez más angosto pasillo y empuje una puerta que estaba hinchada y sonó como los mil demonios, estaba mi padre prendiendo un cigarrillo, me miró, lo dejó sobre el escritorio y me dijo que avisara a mamá que estaba listo el dinero del dividendo, tenía los ojos sumergidos en la cara, aceleré el paso y llegue a una habitación más estrecha de lo normal y apenas si cabía el pequeño escritorio repetido en toda la casa, en el suelo estaba derramado un vaso de licor y no estaba papá, reanudé la marcha, como si fueran mis ultimos pasos y llegue casi corriendo al final del pasillo para abrir la última puerta y abrir un inmenso salón pintado de blanco, estaba yo, sola
miraba sorprendida un espejo sin ninguna expresión en el rostro, enflaquecida, famélica de dolor. caminé por el salón y rechinaron las tablas que cubrían casi todo el lugar, empecé a seguir una línea roja que cruzaba el salón, me quedé pasmada viendo un ataud, adentro, mi padre, antes de meterse ahí, había dejado la ropa cuidadosamente doblada en una silla, su billetera bajo de las prendas para que nadie más que yo y mi familia pudieramos usarlos, antes de meterse ahí había estado trabajando.