jueves, 23 de septiembre de 2010

Si me preguntase a quien es que verdaderamente escribo
diría que al ánima ilustrada en mis propias fantasías
a la utópica idea del amor,
a un todo, configurado en no tenerlo
y a una persona imaginaria y volátil
a una sombra sin contorno
a la inspiración que nace de la melancólica cara de la noche
al calor que bien reemplazan mis sábanas
renuncio a todo aquello que no he conseguido
abro los brazos
y dejo entrar en mi
los centenares de sentidos
extraño algo que no ha nacido aún
le escribo a mi inocencia
a mi lujuria
le escribo a la blasfemia
a lo sublime
al hombre y a la mujer
al miedo y a la paz
le escribo en fin a Dios, como diría mi religión
me escribo a mi y a la tierra
esperando que frente a mi llegue
una luz remota
que descargue sobre mi
todos los idiomas y yo quede eternizada para siempre, como una sombra
que no se borra.

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