Sólo en mi país corremos tras la micro, nos atoramos con el desayuno de cinco minutos y resolvemos un noventa por ciento de nuestra vida político-social-económica en los heroicos sesenta minutos de colación, todo esto sin quejarnos por supuesto, a menos que se nos pregunte, y ahí si que lanzamos como metralletas todos los aconteceres que nos tienen tan cansado;
Aunque no tengamos muchas pilchas y del verano al invierno en el clóset no haya cambio de estación, siempre andamos bien vestidos, porque somos "decentes", y la ducha infaltable, por supuesto, para rehuir a la crítica inminente del aledaño que nos toca en la apretujada vida social y porqué no, también para sentirnos limpios y cada uno sabrá de qué.
Lo importante es que compartimos el gusto por la eventual solidaridad; y al final cuando ya la tarde machaca el día y todos venimos con ese sudor seco propio del agotamiento nos enseñamos los dientes por un asiento en la micro, a las ocho de la tarde parecemos todos una sola masa luchando por una misma causa: llegar a casa. Caminando ya inertes, motivados por el sólo pensamiento de una cama tibia y acomodada a nuestra anatomía; este es mi barrio, aunque yo digo que es mi país, porque a nadie falta una botella de agua cuando nos desmayamos en medio del tumulto, acusados por un organismo que nos dice stop y una mente que no dice sigue, entre seguir y no seguir.... asi que humectamos un poco las neuronas y a seguir! porque bastante miserable que sería la vida si no nos levantáramos con esa idea luminosa de surgir que encontró un espacio entre nuestras cejas clase media. Somos nosotros, los de siempre, los mismos, en distintos barrios recibiendo las platónicas cartas de las tiendas comerciales, y siempre a punto de morir de frío junto al té recién servido al llegar por fin a casa.