martes, 21 de septiembre de 2010

Llegó, colgó el abrigo, extendió su brazo derecho y dejo caer las llaves al tiempo que tomaba un refresco, se sentó encendió el televisor, nada bueno. Subió las escaleras, estaba su esposo, semidesnudo acompañado de la suave melodía del cuerpo que late como si lo quisiera todo y sólo una cosa, a ella.

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