martes, 7 de agosto de 2018

¿cómo se lee un libro? ¿Cómo se vive una vida?


Debería leer el libro, desde la portada, hasta la última página. Debería leer la última para saber hacia dónde estoy andando. Debería leer las páginas intermedias para entender el camino. Debería leer una después de la otra, en modo lógico y secuencial. Y las páginas que me aburren? Las puedo no leer? Puedo no caer en la trampa del deber en el placer de leer un libro? Si no las leo traiciono al autor. Si las leo traiciono mi propia satisfacción en el acto de leer un libro. Son momentos difíciles de atravesar, si decido saltarlas, puede ser que luego me encuentre perdida, pero perdida tendré la necesidad de volver a leerlas, para saber dónde fue que perdí el hilo, entonces vuelvo y descubro nuevamente que no las quiero, no hoy. A veces basta solo leer una frase, la frase. Entiendo ahora que quieren decir las páginas sucesivas, no necesito torturarme el tiempo de cinco páginas que no van de acuerdo conmigo. Cuando he terminado, ¿puedo decir que ese libro fue leído? O debería contar cada vez que alguien me pregunte que simplemente decidí leer las páginas que me gustaban. Es fácil así. Las cosas que resultan fáciles pierden el valor, si en cambio digo que es un libro tremendamente fatigoso, pero que al final te deja una buena sensación y que vale la pena leerlo, es mejor que decir, te lo recomiendo de corazón, pero hazme el favor de no leer las páginas que van de la 45 a la 50, de verdad, son un terrible aburrimiento; te aconsejo, para entender todo, leer la frase de la 48, segundo párrafo, tercera línea. A este punto privo a ese nuevo lector de discernir por sí solo esas cinco páginas. El libro pierde sentido cuando la pregunta importante gira en torno a páginas de aburrimiento o gloria, para otros. Y si leo todo el libro, pero me enamoro solo de un capítulo, los otros parecen ser el acompañamiento decoroso de una sustancia concentrada en poco espacio y tiempo.
Los libros tienen espacios y tiempos eternos y minúsculos, tienen una voz, un narrador, un antagonista y un juez. “no estoy de acuerdo con esto”, “había pensado lo mismo, es increíble como el autor lo haya dicho antes, o después?”, “es un buen libro, un libro banal”. Instrucciones para leer. Soy una fanática de los libros, de leer. Cuando era niña, leía cada cartel en la calle, cada ingrediente en los envases de comida y cosméticos, pero jamás he leído las instrucciones de un manual. Es como si fuera un principio ético, debería primero crear el mundo de las instrucciones y luego comprobarlas, si me quedan dudas. Si no me quedan dudas, el creador del objeto estaría orgulloso de generar productos intuitivos, ¿o decepcionado de crear elementos fáciles de montar? El mundo se divide en aquellos que leen las instrucciones y aquellos que se resisten a hacerlo. No hay caminos medios. No es verdad que un no lector de instrucciones va a verificar luego en el manual, quizás luego llama un amigo o al padre, le cuenta lo que ha hecho y pregunta, ¿podría funcionar así?
Hola, soy Daniela, no leo jamás las instrucciones, no he destruido jamás nada, pero he dejado algunas cosas incompletas, al día siguiente he llevado a cabo rondas de preguntas que iluminan mi mente, para volver a casa y terminar el trabajo. Leer. Es mi pequeña pasión, el espacio sagrado en el que no entra nadie más, una burbuja de comprensión, sufrimiento, gloria, sueños, reflexiones y lágrimas que han mojado novelas y libros de ciencia. Entonces, tú has leído “lo que el viento se llevó” – cada una de sus páginas, mis ojos pasaron por cada una de las letras que la autora escribió. ¿Has leído la filosofía Kantiana? – podríamos decir que sí. ¿Cómo podríamos decir…? Si o no. La pregunta se espera siempre un sí o un no. El mundo dividido en los sí y los no. No sé. Es más parecido a un no. bueno, no. si fuera si, dirías “sí” con entusiasmo y seguridad. Dicen.  
¿Cómo se vive una vida? Leo primero las instrucciones. No, no las leo, llamo a mamá, no es verdad. No la llamo, ella es el libro de instrucciones. Ella suena como música de fondo, una ópera de fondo, altos, bajos, notas monótonas. ¿Cómo se escucha una canción? ¿Cómo se escuchan cien canciones? ¿Qué tipo de música escuchas? A veces rock, pero no soy rockera. A veces latino, porque soy latina. El pop me da asco. Pero ahora que lo pienso una canción pop me recuerda mi infancia, es una canción terrible, pero es más un no que un sí. Entonces no. Ah. Tu que escuchas rock, ¿conoces esta banda súper popular en el mundo del rock? No. no la conozco, la vergüenza del no saber. ¿Sabías que…? No, ¿me lo dices tú? Le das al otro el manual, te sientas en tu esquinita y creces un centímetro. Haz una pregunta cuando el otro haya terminado, dile que no estás de acuerdo. ¿y si…? Pregunta hipotética, ponlo a prueba, aprende del razonamiento del otro, no de las respuestas. Pregúntale como lee los libros, no te conformes con una pregunta de vuelta, no te desalientes por el estupor del otro, míralo a los ojos cuando preguntes y observa el flujo de sus ideas. Piensa en ti y en tus razonamientos, en segundo plano, deja que el otro ocupe todo el espacio, interrógalo ¿cómo llegó a pensar que ese era el único modo? ¿Lo ha leído en un manual de instrucciones? Cuando hayan terminado de hablar de libros, música, rock, autores, bandas y filósofos, deja que el silencio acompañe el efecto de las reflexiones en cada uno de ustedes. El otro hará el gesto de alzarse a tomar un vaso de agua, mirará el reloj, tomará aire para decir una frase conclusiva, detenlo. Pregúntale, cómo se vive una vida. Ríe con las primeras frases que esbozará, dirá cosas simples y descontadas. Ríe y luego vuélvete serio, hablemos de cosas importantes, de vez en cuando. Las personas intentarán escapar, quédate ahí sentado. Se necesita valor para dejar al otro, no se irá si tú no te vas, a menos que sienta demasiado terror y entonces sí, se irá y tu pregunta habrá sido respondida.
Lee un libro en diversos modos, vive una vida ética sin moral. Di que leíste un libro incluso si solo te interesaba, quizás era mejor aquello que imaginabas de ese libro, hazle un favor al autor y habla bien de él, puede ser que después de leerlo ya no quieras comentar jamás nada. Vive una vida sin un manual, no leas las instrucciones, déjalas junto a la garantía, ese otro libreto lleno de pequeños “si, pero”, “te reembolsamos, sí, pero”, “se puede cambiar siempre, pero”, “pero, pero, pero”. Imagina que los dos libretos forman parte de la confección, deja la caja, el manual y la garantía en el mismo lugar, un día quizás se transformen en una estructura sólida donde puedas sentarte a leer tu libro preferido, o tus páginas preferidas, o ese párrafo que tanto te gustó. Duda del último párrafo, duda de esta última instrucción.