domingo, 23 de mayo de 2010


Estaba viendo caer el sol, cuando recordé que te amaba desde hace ya bastante tiempo, en mi mente tenías esa expresión perdida en algún recodo del universo, y yo estaba descociendo el último de mis alientos, haciendome a la triste idea de olvidarte ya! Así de sencillo, como si se pudieran borrar en un crepúsculo tantas horas de anhelo, de añoranzas, de sueños que marchitaban justo al nacer, como si fuera cierto aquello de lo que hablaban los padres de mis padres, mis abuelos: el tiempo lo cura todo... quién fuera tan inocente de tragarse ese cuento, el tiempo solo estanca más recuerdos, es la memoria que no alcanza a digerir tanta tristeza y desborda entonces el pasado, lo efímero del pasado; veo anochecer en mi propia ciudad aún no me convenzo de quitarte de una vez de aquí, sería como retirar la primera capa de la piel y quedarme con un rosáceo doloroso a la vista, sería sentirme desnuda en la ciudad, sería pasar inconscientemente mi codo por el rastro de la tinta que ha dejado la pluma escribiendo esta historia, por supuesto, mas mía que tuya y al final del cuento girar en ciento ochenta grados a un futuro que quizás no exista, debe ser por eso que temo avanzar, creyendo siempre, que voy a retroceder, que ingenua, que senda estupidez haberme encarcelado en los temores más básicos del ser humano... ya vendrá de nuevo a abrirse el cielo cuando pare de llover y en la catedral suenen las campanas de una nueva mañana que comienza y Dios viéndonos aclarar y oscurecer

jueves, 13 de mayo de 2010

Sociedad Humana


a todos nos inquieta la sociedad y sus líos, que son más bien una suerte de bomba contando hacia atrás. Todos los problemas se han ido anudando en las columnas vertebrales de los pobres pobres, y como si fuera poco, han formado un gran tumor cerebral para hablarnos, del dinero, la riqueza y el poder. A donde van, los sueños propios, y la gran verdad de una humanidad perdida - en las capas subterráneas de algún metal, de la inconsciente búsqueda del infierno y el poder.Que mas soledad, que sentir vacía el alma, sentir la gota caliente que exprime el corazón antes de desertar, que más triste que el desolado ambiente gris y la lluvia que moja el cemento, donde no se abren las semillas para florecer, ni aunque fueran pronto a morir. Nada sobrevive al yugo del hombre que se coronó un semidios, y quiera Dios que le alcance para humano. No digo que seamos seres incapaces de oir, sentir y pensar, aunque obnubilados, en alguna gruesa plantación de ideas equivocadas, que hablaron alguna vez de materia, quién dijo que somos materia? quién se atreve en este mundo a desafiar la creación, la sensación inexplicable de la vida y el amor, que el cuerpo físico nos pesa como una cascarón del que nunca acabamos de salir. Tú no entiendes, y yo a penas si puedo explicar. Sólo una congoja me recoge por completo el alma y escurren por mis ojos las voces ahogadas de los pobres pobres, de los que trabajaron, de los que murieron trabajando, mientras buscaban frenéticamente el bienestar. Nadie sabía donde morían los valientes y las valientes, los que donaron sus pulmones y su vida al trabajo esperando recompensas, integrándose a una sociedad que nos centrifuga a todos, que no tiene salvavidas, que va a toda máquina y donde algunos quedan colgando para siempre de sus inmensos neumáticos y lanzan miradas noctámbulas y sonámbulas para siempre.
Yo voy debajo de un abrigo que me obliga a estar en el porque hace frío, siento verguenza de mis anhelos, siento miedo de no poder volar más alto, de no desprenderme definitivamente de un cuerpo cultivado por medios desérticos, siento terror de nunca saber que color tiene el alma cuando llora, que aroma tiene cuando se ama, que forma adopta en la ira; siento pánico de encontrarme trabajando en un sistema dónde nunca sabré realmente quién soy, como me veo por dentro, a dónde voy para qué estoy.