martes, 27 de julio de 2010

Había un atisbo de luz, a penas si se colaba por la cerradura, y una fuerza, que nacía desde su estómago, desde su frente, desde su corazón desde los ojos y la garganta atravesaba la imaginación de lo que podría crecer con el resto de la luz, donde más generosamente se expandía, sólo la semilla de la imaginación germinó en su piel y la encendió como una estrella en la oscuridad, se hizo liviana como una hoja que se arranca del otoño hasta caer, sin gravedad, sobre la tierra fértil, se convirtió en rosa y luego en un rosal, y salió perfumada y vestida de rojo a dar un paseo por la vastedad del cielo, por la inmensidad de la naturaleza. Se fundió con la masculinidad, con una piel cubierta de vellosidad, por unas manos grandes y toscas, por los besos, y al otro día amaneció tendida como una virgen con un manto de nube sobre sí. Había salido de donde era abismo , hasta llegar al punto máximo del éxtasis, sufriendo la metamorfosis de la niña y la mujer y se había convertido en el espíritu que logra elevarse sin que le pese un cuerpo.

domingo, 25 de julio de 2010

Acabo llegar a la crítica de mi propia existencia, al sentido literal de la vida, donde se materializan los temores, donde acabas por disolver incluso la fe en una encrucijada mundana. Me vi haciendo piruetas en el aire, intentando alcanzar el rastro de estrellas, y al fin convertirme en el aire que atraviesa las mejillas húmedas del desaliento.
Dios vendrá me recogerá y resolverá mis dudas. y yo confiaré como siempre lo hago
Dios proveerá la solución.

martes, 13 de julio de 2010

Mentira

Si no tuviera tantas ganas de gritar
diría que mi plan es perfecto.

domingo, 11 de julio de 2010

Tu turno


Extrañarte es perseguir siempre tu fantasma amarillo, por eso te persigo sin que lo sepas y espero en la ventana nocturna de tu habitación para deslizarme por entre el crujir de la madera, llegando a alentar desde lo más profundo de tu sueño mi figura, para obligarte, a extrañarme. no bien sale el sol escapo, entrando por la abertura de tu boca y navego por tus sueños a mi habitación, al llegar digo con una sonrisa triunfante un, dos, tres, por mi. Nuevamente estuviste conmigo, me viste desnuda en tus sueños, me viste pasear arrastrando pañuelos blancos y rojos alrededor de tu cama, y sangrarte con un beso en la boca, viste el sudor que escurre por la frente al no terminar nunca el deseo infinito de los cuerpos, el éxtasis, el día y la noche, me viste nacer a los pies de tu cama, morir en tus brazos y renacer próxima a tu boca, como despidiendonos, como comenzando. Ese sueño titubeante, un recuerdo hipnótico, te reprimes hasta dolerte el vientre expulsando con fervor la memoria, el sueño, el deseo, la sensación, la locura, la esquizofrenia librada sin ningún ruido, el acontecimiento que no acontece, la vida que no se vive, te tragas una cucharada de sal para limpiarte, nada puede conmigo y contigo. Te dejo vacío mucho tiempo y me largo, es tu turno de extrañarme.

jueves, 8 de julio de 2010

Solo tenía fragiles susurros que salían de entre medio de sus labios, sin perturbar en absoluto el silencio conmovedor que hasta entonces se había apoderado de todo,
y tiritaba, como si tuviera frío, pero solo el miedo estaba presente desde la raíz de su cabello, hasta la punta de los pies, que tiernos nueve años, pensaba aquel negrero, como bien se le puede decir, mientras lo hacía cargar el doble de su peso, sin siquiera fruncir el ceño, y como si eso fuera poco consumía con placer tabaco y más tabaco y quizás qué más en su oficina oscura, donde pocos se atrevían siquiera a expresar su más debil opinión. Qué más le podían pedir sus cortos años a la vida, sino quitarse el hambre y quitarse el frio de los huesos entumidos, de los dientes rotos, del mal aliento que ya se expulsaba desde su alma al infinito. No había un solo espacio de su piel reseca que no tuviera esa textura propia de la súplica, como extendiendo la mano a un vacío inacabable, al mayor de los abismos, como si ya no quedara nada en el mundo, mas que pedir auxilio, y el eco solitario y decadente de una sociedad egoísta, de un pueblo sordo, de ojos ciegos frente a los cuerpos raquíticos, que deambulan en las mismas calles, que detrás de una huella maloliente de calzado fino, pasa un transeúnte a pies pelados. Quién ha podido trascender la carne, quién a podido subir los huesos!.
Un día cuando en la tierra todo marchite, cuando sea otoño para siempre y nunca llegue la primavera y nada refugie los cuerpos ni existan techos para cubrir los cerebros, se abrirán los ojos de los pocos que queden. Cuando en el mundo ya no quede sino llanto, quizás solo quizás reviva la conciencia.