viernes, 10 de julio de 2015

Madre


A ti,
que fuiste y eres valiente, 
a ti que debes ahora estar pensando si mereces ser llamada valiente y recuerdas con ansiedad tus 
miedos, midiendo la distancia que te separa hoy de ellos.
Tu, mujer, la que lees estas letras y te conmocionas al ser nombrada mujer, no madre, no señora, no  hija. 
Tú, que subiste esta colina con una bandera en la mano y en la cima después de un largo camino clavaste el símbolo de la diferencia,

Tú que tuviste miedo, que sentiste vértigo, y con los pelos erizados abriste los brazos y volaste.
Tú que creíste ser miope y fuiste un águila, tú que creíste ser débil y construiste de roble. 
Hoy, te mereces ser ovacionada, observada, amada y descansar en esta hamaca de admiración que tejen día a día nuestras almas para ti.
Tú que has tenido principios,
            Que has sido flexible
                   Tú que no cediste, 
que te caíste tantas veces
                                  sólo para usarlo de impulso en una nueva carrera,

que ganaste la carrera,
que perdiste la carrera,
que estás en la carrera,

Eres más grande que aquello que ahora imaginas, eres un concepto que se expande, eres una idea en el universo sin limites, una luz, un principio, un punto de partida y un punto de llegada,

Eres la rabia y la alegría.

La vida merece tenerte en su camino, tu mereces las oportunidades de la vida, 
en la mitad de esta aventura, te invito a abrazarnos de lado y a mirar atrás, sólo para recordar de donde venimos, hacia donde vamos y desechar que hay puntos de llegada, este es el punto de llegada, este día a esta hora, acabas de llegar, y mañana volverás a hacerlo,
Mereces el tiempo de mirarte entre espejos y entender
que has perdido, que has ganado y  que sigues en carrera...