jueves, 24 de febrero de 2011

Un gesto amarillo se vence en la despensa


El cielo ni el infierno existen, para mi, no tener el valor de entregar amor verbalizando y expresando, es dejar cuajada el alma, como si el reposo de las emociones contribuyese a caer en el infierno; al final de este hondo paisaje una estalactita brilla siempre, y recurro a ella escupiendo las razones por las que me veo obligada a no soñar después de la media noche;
dando razones al muro inexorable de los lamentos, es ridículo creer que llegaremos al cielo, estaré en el cielo cuando haya recipiente para los sentimientos, cuando se contengan las palabras, cuando mi sombra deje de provocar el eco lastimoso y ceda el orgulloso sigiloso; Aunque bien me vale tener orgullo, para no quedar bailando sola en la penumbra, después de todo bien guardados estaban las infartadas confesiones que deje flotando en el espacio como una muestra fiel de mi cariño, aunque no obedecieran al abecedario clásico de los amantes, parecía un gesto amarillo que se vence en la despensa, bien guardados quedaron, si te encuentras recortando las sabanas en las noches con el calor que no me corresponde y se evapora.
La mañana borra lo dolido, escribo "parar" en la ventana al tiempo que se escurren las letras, veo transcurrir los años dentro de un esfera, con la esperanza inmarchitable, soy una tira de eventos que no acontecen, y al final de todo, sacudo el pelo y me equilibrio en mis piernas, obedeciendo al cuarteto armónico de brazos y pies, nadie creería que tengo el corazón desanclado.

miércoles, 23 de febrero de 2011

AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH !!!!!!!!!!!!

martes, 22 de febrero de 2011

Para ser entero permítete ser parcial...

¿Qué habrá luego de agotar nuestros recursos?, ¿quién continuará nuestro camino?.
Los corazones ya no forman hermandad, lazos materiales uniendo seres de energía, como intentar sepultar el alma; Llueve fuera del hogar, llueve dentro del hogar, duelen más las tormentas internas,¿hacia donde escapamos cuando ya no quedan lugares habitables?; sólo la conciencia nos brinda un espacio, sólo el recuerdo y el sueño nos dejan un sitio; mas en todo sobramos, barcos sin velas despegando, y de pronto ya no hay luz, de momento, nos quedamos dormidos sobre el charco negro en la inmundicia en la que estamos sumidos; intento escindirme de aquello, pero camino con los pies desnudos y me quema el cemento, entiendes? Nada acurruca las almas tristes, nada detiene los truenos que no nos dejan oír, y los brazos sin fuerzas para los abrazos verdaderos que la ropa detiene como un recurso de miedo, las calles atestadas de mugre huelen a desconcierto, nadie llora de emoción;
Nadie hace caber las nubes entre los dedos, ni bate la ruda sin arrancarla, como si al morir fuésemos a llevarnos los zapatos.
La tierra adolescente se sacude, para hacernos verla; enseñando, compartiendo la vida... recordándonos que es la vida y la muerte, que aquí está todo lo que necesitamos; el hombre sin el hombre se muere y el hombre viene del soplo, de la energía, de todo aquello que ya no valoramos.

Me despido

La añoranza de convertirme en maga, conducir las vidas, llegar al éxtasis de nuestra luz interior; Una extraña sensación: desconsuelo e incertidumbre, como hilachas de yeso enhebradas en mi ADN, un vacío que no lleno y palabras que no recupero, como una mancha de aceite en el camino,como si empezar nunca hubiera sido más difícil;
ayuno el domingo para comenzar a sanar.
Entonces, esas ganas de volver a nacer que caen en el sudor,
Entonces, el hambre de convertirme en alas;
Entonces escarcha en los huesos,
Adopto posición fetal y miro hacia adentro, cierro el pecho, respiro el círculo vicioso de una vida cíclica, vivo a pleno la frustración, la tristeza, la rabia y el desaliento; decido.
Un brazo arranca de mi, vuela y me toca la espalda, luego se convierte en cinco manos elevándome, las piernas en alas... con el otro brazo, me despido.

domingo, 20 de febrero de 2011

Algodón de noche


Estaba observando sus posibilidades, sintiendo esa mediocridad, de quién nunca celebró las pequeñas alegrías y jamás consiguió sus propios anhelos, viendo como se estiraba y recogía el mar, como cuando mamá amasaba el pan estirándolo hasta formar la ola que se devolvía para estirarse nuevamente, y ella hipnotizada, por el recuerdo de la niñez que nunca fue mejor, hipnotizada, viendo como había horneado su vida con tanta prisa, que había incendiado sus mejores momentos y se sentía como un trozo de carbón que todo lo tiñe con ese molestoso polvillo. Juntaba la fuerza en el abdomen para lanzarse desde esa altura, arriesgandolo todo, y sólo provocaba ese enorme suspiro que alejaba toda forma de vida, dejándola, como una columna de hierro congelada; Llevaba puestos unos jeans, que acentuaban el exagerado vaivén de sus caderas y una blusa que llegaba hasta un poco después de su ombligo obligandola a exhibir su pedazo de piel blanca, sobre sí un tapado rosa, la hacía ver aún más femenina, y bajaba las pestañas al tiempo que se veía la espesura de ellas, su cara delgada y el pelo largo hasta la pequeña cintura que la rodeaba de almas masculinas y ella, ahí de pie, como si estuviera a punto de caer al mar un reliquia; evaluando su triste vida, reprobando todas las asignaturas que se había propuesto, llegando de vuelta de un largo viaje donde sólo había aprendido lo que no se debe, y besaba la cruz en la garganta.
Abrió los brazos atrapando libertad, ocultando el vértigo en los labios apretados, sentía su corazón latir al ritmo salvaje del viento, y su cabello volándose, sintió como se desprendían de sí los años, el tráfico, la ciudad, el cielo y el infierno y toda la vida en un respiro de luz, vio su ropa flotando a la orilla del mar, sus tacones marrón enterrados en la arena separados uno del otro, y esa familiaridad con la pena, salió desnuda del agua, mientras la noche dulce, le regalaba una sonrisa de cielo. Preguntándose si valdría la pena recoger la chatarra tirada en la arena dejo sus pechos rebotar al compás de los pasos y relajarse su abdomen a medida que andaba, por su lado, los vellos del pubis seguían una dirección que no necesariamente obedecían las piernas, tenía ganas de probar un algodón de azúcar...

domingo, 13 de febrero de 2011

El aroma evoca un recuerdo hasta casa, como si caminaran las sombras pegadas en las huellas, imagino un pueblo levantado sólo de la memoria, como si cada vez dejaramos tirado un pedazo de nosotros en el sendero ancho de la vida y entonces todo cobra vida en este estado subconsciente que adquiero mientras dejo resbalar los dedos en la ventana, hiero las estalactitas con los ojos y la noche me regala un momento para escribir, que ojalá lo invirtiera en eso;
El desfile mágico descansa en la orilla de mis ojos hasta que el mar sobrepasa los ojos harinosos, la tierra desértica en las mejillas, nunca turquesa, brilla tenue y empaño la ventana;
Extrañar, como si el presente solo perdiera valor cuando comparado con el pasado parece menos mejor, nunca malo o terrible, sólo esa sensación de las vísceras vacías en el noctambulismo, del corazón lento, de las manos que se calientan la una a la otra sin hallar nunca el sosiego, sin llegar jamás a la nota que se necesita y de esta manera la voz se cierra hasta convertirse en las ganas que se arrancan del suspiro, yo veo a través de mi ventana y añoro todo cuanto tenga que ver con el pasado.
Cuanta razón tenían los fantasmas milenarios, si sólo me conformara y explorara sólo la temperatura de la noche, observando los astros en la oscuridad, entendiendo que fuera de esto, nada tengo; sin insistir en la nostalgia que se inyecta a los nervios, que me deja obsoleta.