miércoles, 3 de noviembre de 2010

El absurdo del urbano

El absurdo se apodera de la ciudad, del tiempo cojo, de la mandíbula dislocada que le dejó la ironía a los políticos, el absurdo que cabalga lo urbano para darle sitio al chicle que masticamos en comunidad, a la ignorancia que se estira para formar un globo inmenso sin distancia, donde aparece sólo la duda para nombrar este largometraje. Delitos, delinquir, delincuente casi rítmico, cadencioso, musical; inmaculado, irrompible y el clásico de los buenos tras las rejas, protecciones y silencio, miedo, cuidad, entonces vienen los quién dijo que el campo estaba lejos.
El verde relegado a la guarida de dos por dos en la plaza de armas, sinónimo de macetero, mientras, nosotros hierba nativa que crece, puebla, desordena y huye. La conciencia se pierde en la falta de historia, la historia no existe en este pueblo amarillo, una voz hepática hablando en off sobre nuestras cabezas de lunas somnolientas, imaginando la tontera consumista, mientras somos acarreados como ganado, mientras el uniforme se traga el día dejándonos sólo el vicio de algunas tardes estivales para comer un poco de sol, recordando lo bueno de la vida y el sudor empeñado que planifica la fiesta venidera con las manos fétidas al olor de interés bancario, con esos ojos taciturnos que sólo se atreven a detenerse cuando el cuerpo se bate en retirada, cuando las raíces explotan el tallo y queremos mandar todo a la mierda; sería poco definir así la soledad mundana.

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