El verde relegado a la guarida de dos por dos en la plaza de armas, sinónimo de macetero, mientras, nosotros hierba nativa que crece, puebla, desordena y huye. La conciencia se pierde en la falta de historia, la historia no existe en este pueblo amarillo, una voz hepática hablando en off sobre nuestras cabezas de lunas somnolientas, imaginando la tontera consumista, mientras somos acarreados como ganado, mientras el uniforme se traga el día dejándonos sólo el vicio de algunas tardes estivales para comer un poco de sol, recordando lo bueno de la vida y el sudor empeñado que planifica la fiesta venidera con las manos fétidas al olor de interés bancario, con esos ojos taciturnos que sólo se atreven a detenerse cuando el cuerpo se bate en retirada, cuando las raíces explotan el tallo y queremos mandar todo a la mierda; sería poco definir así la soledad mundana.
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