miércoles, 3 de noviembre de 2010
Deben ser las cinco de la mañana que suenan como pasos, buscando helarse las entrañas con alcohol, descontando de las 24 unas 18, total en seis se duerme y las dos, de sueño, que faltan sobran. Debe ser la angustia del acompasado silencio y el tránsito psicológico no cede a la telaraña, llueve una lágrima, la veo resbalarse por mi cuerpo, cruzar los pechos lento y quedarse dormida en el ombligo, entonces unas bocanadas de aire vulneradas llenan el espacio con un suspiro; Deben ser las siete de la mañana, las dos que faltan ya no sobran, el contorno de los ojos delator, el sol erguido como columna vertebral deja caer su cráneo en la ventana, vuela una araña al encuentro, flotan las ideas y el cansancio, cubriendo el rostro con una máscara de peltre salgo un día más y me sonrío. Que bueno que me sonrío.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario