jueves, 2 de diciembre de 2010

El beso, aliñando el dolorido organismo a punto de devolver a la tierra lo que es de la tierra, las cosechas, las siembras y la espera de lo que florece tarde y ya no tiene fiesta cuando nace.
La sombra, siempre intentando verse más grande, engañando al verso triste de la conciencia.
Los ojos viendo colgar la carne, los años haciendo lo propio con apuro y malicia.
La angustia de la prisa que se llama Juventud.
La marcha lacrimógena de los sueños.
y siempre, vuelta al silencio, que si pudiera bautizarlo, lo llamaría complot, lo llamaría rueda, lo llamaría círculo, trampa, mentira, carrera, guerrero, galopar, incendio, calma, destrozo, fuga, arcoiris, paloma. , libertad.

Veo transcurrir un amalgamado tiempo, estrecho, acinturando-me, como siempre, la vida, como un corsé a punto de ceder a mi sobrepeso emocional, siempre amenzando de llegar al clímax y dejarme, desahuciada de la enfermedad adquirida de la sociedad, siempre temblorosa temiendo a la soledad, que no se llama soledad, Miedo.
Con esa vena que cuelga de los ojos, la oigo susurrar melodramática un canto fúnebre, con el cabello me tejo un abrigo y todo tiene mas sentido cuando pasa el frío, calentando la pena hasta evaporarse sobre mí, me voy de la ciudad para no recoger la lluvia que vendrá de la amargura.

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