
Dirigir masas de gentes, dirigir una guerra, dirigir un regimiento, nunca podrían compararse con la difícil tarea de dirigir el propio camino y dar forma a un destino incierto, dar vida a los planes, erguir una felicidad que prospere, encontrar aquello que pueda dar origen al sentimiento constante de realización personal. Cuántos pagarían aún más de lo que tienen por saber si las decisiones que están a punto de tomar son las indicadas para ir por el camino, por el estrecho camino que tanto nos cuesta encontrar y poder algun dia desembocar en un ancho sendero, donde explayar los sueños las alegrias, los anhelos, donde poder contar siempre con una sonrisa en los labios las pasadas anécdotas. Que queden atrás las lamentaciones, la desesperanza y sobretodo la incertidumbre. Entonces nuestro cuerpo pesaria menos, talvez tendriamos menos pesos sobre los hombros desligandonos para siempre de la más dificil tarea, dirigirse. Aún más, corregirse, absorver los detalles más ínfimos de la vida, para entender el maravilloso significado que nos regala la tierra y con esto nacer cada día, con un cuerpo nuevo y con las ganas de empezar, dar play a nuestras fantasías, desnudarnos, comenzar y recomenzar, viviendo y reviviendo como en una lúdica danza, motivarlos, motivarse, estirar los brazos,dejar atrás el letargo y el cansancio, romper con las pesadas máscaras, soñar, vivir, crear, morir, dormir. NACER.
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