
Qué tenemos sino ese abstracto organismo que se enferma y recupera, creemos ser seres tangibles de carne y hueso, pero somos energía pura de la vida, y no tenemos nada de aquello que tocamos y codiciamos, porque son esas cosas que compramos y por las cuales trabajamos las que se quedan con nuestra vida y se apoderan de nosotros; Es este subterráneo el más triste recuerdo de aquellos ancianos que ven en el letargo lejano de sus años lo poco y lo mucho que se puede tener, vivir y entonces algun día como si nada ver morir y morir.
Sucede que te quedas parado en medio de la ciudad, no porque quieras seguir vitrineando la último moda, si no intentando entender, porqué te has pasado la vida soñando en lo mundano, cuando pudiste haber segregado tu energía y tu amor por los espacios fríos de esta multitud, no logras comprender tu inmenso egoísmo al ver la piel pegada a los huesos de un niño, que definitivamente no está así porque lo escogió, simplemente cayó sin paracaidas.
Y tu, que antes te mirabas los zapatos, ellos tienen los pies astillados y cansados, y yo que me miraba al espejo, ellos que miran sus platos vacios y se refleja su inmensa tristeza y desaliento. No es culpa tuya ni mía haber nacido en una tierra aturdida por el dinero y la codicia, pero sin más podemos dormir y seguir viviendo, como siempre a la última moda. Tú no conoces ni mínimamente el olor que libera la tierra en sus días más fértiles y te invita a tocarla y sentirla, tú no conoces el momento máximo en que el sol se eleva para iluminar incluso la conciencia, nunca has sentido el suave murmullo que emite la luna cuando tiene frío, jamás te detienes, en noche estival ni noche de invierno, menos tardes ni máñanas. Sientes la culpa. Yo también.
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