Ahora que ya soy una mujer, aún duele no haber vuelto desde entonces a decir papá, y saber que eso no vuelve. Me inspiro en la tristeza, para continuar adelante, para llegar allá, adonde quisieras haberme llevado, y a veces te juro que camino cuesta arriba, sobre todo los días como hoy... Hay cosas que nunca vuelven, y otras que nunca se van; recordarte de repente aunque sea en la pena, me ayuda a seguir guardándote en un espacio de mi alma, de mis recuerdos y a seguir sintiendo tu imágen como un elemento que constituye mi vida, qué sería de mí, si no fuera por cada persona que me ha regalado una parte de sí. Recuerdo que antes fue más desolador, cuando creí que nunca podría haber seguido viviendo, cuando creí que de pronto me desmayaría y dios me haría el favor de dejarme ahí por siempre, menos mal tuve a mi madre siempre, menos mal siempre tuve a la mujer más fuerte del mundo, qué hubiera sido de tu propia vida sin ella. Nada de esto seguiría existiendo, ella es el lazo poderoso que nos une a todos, ella es la fuerza que impulsa el carro, ella es el pilar que lo sostiene a todo, que me sostuvo a mi y que aún lo hace.
El dolor me recuerda que tus huellas también fueron de errores, y quién no.. quién no hace su camino en el tambaleo de los errores, en la cuerda floja que nos guía; y aquí estoy yo, otra vez en otro aniversario de tu partida haciéndome la fuerte, intentando no llorar, porque ha pasado tanto tiempo ya, que nadie entendería...
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