como un pájaro herido en la ventana,
con la incertidumbre propia que aventaja los instintos cuando se trata de aquel ambiguo paraje. Las ideas no maduran
y solo queda el charco de la oscuridad,
donde nada se distingue,
sino la sensación de equivocarse una vez más,
permitiéndole a la vida una nueva desazón;
y te preguntas porqué,
como si las nimiedades tuvieran respuesta,
cómo si esa duda que florece y se reseca en un mismo día pudiese hallar sosiego.
Sólo un elemento que ancle mis sentidos a la tierra firme en la que me sostengo sin permitirme elevar los pies como una hoja que flota en el espacio antes de ser derrotada por la gravedad, antes de caer y escuchar como se quebrajan los huesos y un poco el alma,
teniendo claro que de todos modos ocurrirá,
en la luminosidad del encanto nebuloso llegará la noche con su triste paso de tarde calma,
y dejará la huella omnisciente que me observa,
advirtiendo la desesperanza.
Y mi último argumento dejará sentir su liviandad en el aire que sofoca las palabras,
en la densidad que sólo deja lugar al pensamiento,
a una palabra perdida que se da golpes en la imaginación,
y queda ebria de lujuria;
y me quedo mirando en el espejo,
como si todo careciese de sentido,
abandonada por mis propios preceptos,
sintiendo pena porque el silencio ha permitido esta asfixia dolorosa,
y nada en mí comprende que se deshoje el alma en primavera,
ni acepto que la flor inmensa de la rebeldía crezca en este invierno montañoso
del que estoy a cargo hace tantos años.
Entiendo? digo no, y el corazón deja entrar una última bocanada de suspiro
Quedo atónita viendo mi rostro esbozar una tímida sonrisa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario