
Extrañarte es perseguir siempre tu fantasma amarillo, por eso te persigo sin que lo sepas y espero en la ventana nocturna de tu habitación para deslizarme por entre el crujir de la madera, llegando a alentar desde lo más profundo de tu sueño mi figura, para obligarte, a extrañarme. no bien sale el sol escapo, entrando por la abertura de tu boca y navego por tus sueños a mi habitación, al llegar digo con una sonrisa triunfante un, dos, tres, por mi. Nuevamente estuviste conmigo, me viste desnuda en tus sueños, me viste pasear arrastrando pañuelos blancos y rojos alrededor de tu cama, y sangrarte con un beso en la boca, viste el sudor que escurre por la frente al no terminar nunca el deseo infinito de los cuerpos, el éxtasis, el día y la noche, me viste nacer a los pies de tu cama, morir en tus brazos y renacer próxima a tu boca, como despidiendonos, como comenzando. Ese sueño titubeante, un recuerdo hipnótico, te reprimes hasta dolerte el vientre expulsando con fervor la memoria, el sueño, el deseo, la sensación, la locura, la esquizofrenia librada sin ningún ruido, el acontecimiento que no acontece, la vida que no se vive, te tragas una cucharada de sal para limpiarte, nada puede conmigo y contigo. Te dejo vacío mucho tiempo y me largo, es tu turno de extrañarme.
buen escrito
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