
Arrepentirse es traicionarse a sí mismo, es desertar en la carrera de la vida, y porqué no decirlo, es también necesario; no sólo para obtener perdón de Dios, no sólo para alivianar la conciencia, es para aprender que la vida nos conduce a gran velocidad por curvas peligrosas, para aprender que malditas sean las desiciones mal pensadas. Ocuparse no preocuparse, resolver donde desviaste la línea, aunque quede la huella mal alzada en tu camino, el mundo no recuerda para siempre tu errores, y no es tampoco quien los resuelve. Te arrepientes cuando has caducado tus propios valores, cuando has dejado ir al amor de tu vida, si has dado media vuelta cuando debías seguir. Pero ahí, arrepentido, la vida raramente espera por ti.
-Me lo dices a mi? y te cubres la cara avergonzado, de haberme dejado caer del enésimo piso de esta relación y ahora estar arrepentido.
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