
De alguna forma todos buscamos la perfección de nuestras vidas o al menos equivocarnos lo menos posible; sin embargo y con todo, al final, la vida o mi propia vida, siempre ha calzado a la perfección con la suma de mis mejores errores.
He desacatado las órdenes impetuosas de los más viejos con tal de experimentar los pasajes más estúpidos de los que uno pueda hacerse cargo, las historias más absurdas; he aguantado sin hablar y sin llorar en público una profunda tristeza, hice fermentar mi orgullo debajo de la cama y todo, todo por un diario de vida que desaparecerá sin huella, sin velorio, sin editorial.
Es sólo que después de andar y andar, luego de haberme rotos los zapatos en el camino, de abandonar el equipaje, después de la sed, luego del frío, ya no tengo miedo a nada, ya no tengo miedo de decir, ni de perder; ya no ansío ganar, es como si la vida al fin se mostrase tal cual, sin necesidades, con la única vela que me anuncia el día.
El amor, por ahora, sólo es la alegría momentánea del hombre que aparece con el sol apagado, de la boca que besa el espacio virtuoso de las letras; del efímero y de la nostalgia de un ideal que no sabe llegar, se pensó que vendría y no arribó. Entonces lo que balancea, lo que no tira nunca el ancla.
Sólo puedo decir "gracias", mejor: permiso y gracias, hoy me voy a perder entre lo sueños subversivos que no me he permitido soñar, me voy a olvidar un poco, a limpiar las escaramuzas, a volver a hablarles a esos que ya no están. Me perdono por todo, lo dejo todo y una vez más, me voy de aquí sin llevarme nada.
...sin huella, sin velorio, sin editorial.
ResponderEliminarque genial tu frase!! (Y)