martes, 17 de mayo de 2011

Existen muchos caminos para afrontar nuestros miedos; no se si exista uno mejor que otro, o si puedan compararse por efectividad. Al final de cuentas las almas solo se parecen en el cuerpo, como un quiste en el espíritu;
Soltar los clavos de la memoria, para dejar libre el corazón, y al mismo tiempo preguntándome si liberarse borrará lo único que mantiene con vida el pasado: un recuerdo. Un recuerdo que se atenúa, como arena movediza que consume la fotografía psicológica de un antes.
Quizás me equivoque y sólo de ayer deba quedar el sentimiento, como un aroma, como el placer de evocar lo abstracto, hundiéndome en una nostalgia que hierva, evaporando una breve alegría, una breve tristeza, un espacio entre paréntesis , asumiendo que todo pasa y todo queda.
Los años sólo sazonan un poco la tristeza:
pareces una imagen en el agua, que se pierde al lanzar las monedas de la suerte, al pedir el único deseo que es imposible de cumplir: observar la movilidad de tu cuerpo, ser sujeto de tu amor.
La muerte consume las almas como un cigarrillo, yo me impregno de la velada fúnebre, cada vez que los calendarios caen como piedras;
El altruismo no ha logrado salvarme; nada contiene la mision de sufrir este día, de ver los días que siguen escurriendo sin pausa, sin compasión, como si el mundo decidiera pasarme por arriba, y me sintiera en medio de un sueño sin voz para gritar, sin fuerzas para correr y la unica oportunidad de despertar se escapara al encontrarme en la soledad inamovible, estática. Qué pueden entender los muertos? y los deudos cínicos que siguen viviendo como si nada. Cómo si todo pasase sin dolor. Ver moverse las alas de la despedida y enterrar el plumaje en la fosa que no deja escapar la duda, que deja clara la condición entre vivos y muertos;
verme obligada a asentir, molesta, adolorida, pero, ¿quién oirá el lamento? la ironía me dejará saber que es irreversible y frente a esto, sólo puedo dejarme llevar por el ruidoso carnaval que me invita a pasar.

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