viernes, 2 de abril de 2010


Los camaradas dejaron su chaqueta tendida en el respaldo del sofá y sirvieron sus vasos cargados de whisky.

el Chalo solo miraba entre las piernas sus zapatos con el vaso en la mano, a penas si levantaba la cabeza para dar un trago; Fernando, el feña, como le decian sus amigos, observaba con malicia la botella de whisky, como si su vaso no hubiera sido ni mínimamente suficiente . Empezó el checho a hablar, pero estaban todos muy cansados y así como que no quiere la cosa, ya no quedaba ni una gota en la botella. Todos alucinaban respecto a sus vidas, sus mujeres e hijos, estaban hastiados, fatigados del trabajo, habían hecho un esfuerzo económico y social para poder reunirse a beber, aunque extrañamente no querían hablar nada serio, solo alucinaciones, improbables de realizarse. Sin bebida, sin tabaco, y con la cabeza revuelta, regresaban a sus casas con la triste añoranza de sus mejores épocas, sin responsabilidades, sin tanto cansancio, sin tanto trabajo. Sé que por lo menos el Chalo, había dejado evaporar de su rostro una sonrisa, cuando llegó a casa, y Anaís, su niña de siete años, (recien cumplidos, la semana pasada) le habia dicho, -papito, eres tú? . -Sí chica, duerme.

El feña, se habia quedado dormido en el sofá, su última imagen habia sido ver al checho subiendose a un taxi, con cara de no me quiero ir.

Hay cosas que no se pueden entender nunca en la vida, probablemente nunca se resignarían a trabajar doce horas al día y aún deberle a cada santo una vela.

1 comentario:

  1. muy grafico y crudo. es real. lo entiendo. te felicito por la delicadeza de compartir una crudeza con la suavidad de quien te tiende un caramelo en la palma de la mano. copio tu foto para mi blog. me grado leerte. seguire. saludos.

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