miércoles, 12 de agosto de 2009

mañana de invierno


Yo me subí con los ojos rojos, lo reconozco, pero ya no iba llorando, solo asomaban las últimas incontenibles lágrimas, esque hace tiempo estaba aguantando la idea de llorar y ya no dí más, no era el lugar ni la hora, pero para estas cosas no tienes tiempo de analizar nada. Me subi a la micro con la confusión de los que suben apurados, de los que se demoran, de los que van como zombies y yo, ahi girando el torniquete y avanzando casi instintivamente. No era mi intención y hasta ese momento no sabía que se contagiaba, no supe que hacer cuando vi llorando al señor del asiento contiguo y atiné a regalar el último pañuelo que me quedaba. Pero todo sucedió muy rápido, la gente que iba de pie no aguantó más y entonces estaban los que sufrian por el hijo muerto, por las deudas, por el mal jefe, por la mala madre, por la falta de dinero, por el cáncer, por la esposa, por los hijos, incluso lloraban escasas abuelas, por la vida. Comenzó a temblar, porque el conductor quebrado en sollozos no quiso seguir manejando. Fue una mañana diferente, todos los ternos, faldas, collares, aros, tacos, zapatos recién lustrados, maletines, carteras, quedaron suspendidos unos instantes en el aire, que aprovechamos para abrazarnos y darnos un mutuo aliento de consuelo. Supimos que no era un buen día ese día para pensar y arreglándonos el cuello de la blusa, la camisa, estirando los chalecos y abrigos, limpiando el maquillaje de la cara de las mujeres, nos devolvimos pausadamente, esa sí, fue una mañana de invierno

1 comentario:

  1. que b uenaaa algun dia dani algun dia voy a ilustrar tus palabras
    un beso de un amigo igual de loco que tu

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